Mi hijo no quiere comer

Mi hijo no quiere comer

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Muchas madres y padres llegan a la consulta preocupadas porque sus hijos no aceptan muchos alimentos o simplemente no quieren comer y piensan que no van a seguir ganando peso. La pregunta que todos los padres tiene ¿Por qué no quiere comer?

A partir de los 15 meses los niños pierden el interés por la comida y coincide con un periodo de crecimiento lento que dura toda la época pre-escolar. Lo bueno de esto es que los niños pequeños tienen la capacidad para ajustar el aporte alimentario en función del contenido energético de los alimentos que se le ofrecen. Son los padres los encargados de dar una variedad de alimentos sanos y los hijos regulan la cantidad que van a comer. Es por ello, que al llegar a la consulta cuentan con un correcto peso y talla para la edad.

Para entender un poco más sobre este problema es necesario conocer las etapas y elementos del aprendizaje alimentario. Todo comienza en el útero materno, el feto deglute aproximadamente 1 litro de líquido amniótico al día, a través del cual entra en contacto con los olores de los alimentos ingeridos por la madre. Cuando el bebé nace acepta por instinto los sabores dulces que generan calma y rechaza los sabores amargos. Al cumplir los cuatro meses va aceptando sabores agrios y salados. Así mismo, a través de la leche materna el niño irá captando los sabores de los alimentos y especias que la madre come y eso le predispone para su posterior aceptación al reconocerlos como familiares. Por eso se recomienda preparar las primeras papillas con leche materna para hacer más fácil su aceptación, caso que no pasa en madres que dieron lactancia artificial con fórmulas maternizadas.

Además, el modelo de alimentación a demanda permite al bebé aprender a asociar el hambre con el inicio de la toma y la saciedad con el fin de la toma. De esta manera aprenden a ajustar el aporte alimentario a sus necesidades nutricionales. Cuando los padres interfieren en este aprendizaje de regulación vienen los problemas de exceso de peso o pérdida del apetito.
Con la introducción de la alimentación complementaria el bebé debe aprender a aceptar alimentos nuevos. El rechazo a aceptar alimentos nuevos se llama “neofobia”. Para solucionar esto se requiere de una exposición repetida a un alimento que conlleva a una aceptación progresiva y se necesitan entre 10 a 15 exposiciones antes de lograr modificaciones en la aceptación. Si esta etapa de diversificación alimentaria no ocurre puede hacer que el niño pequeño consuma un número limitado de alimentos y se niegue a probar nuevos alimentos y suceden casos como “mi hijo no quiere probar nada” o “mi hijo no quiere comer verduras”.

Hay que incentivar y facilitar que el niño coma de forma independiente. Aunque ensucie todo, aprenderá a comer cada día mejor y la comida se convertirá en un momento de juego y satisfacciones. También los niños deben de comer en familia para que aprendan que la comida tiene un aspecto social. Los padres deben de reconocer el carácter de su hijo, su nivel de desarrollo, sus preferencias a la hora de la comida para así reforzar la relación padres-hijo y las comidas serán un momento agradable para ambas partes.

Un excesivo control o una actitud demasiado permisiva por parte de los padres respecto al comportamiento del niño a la hora de la comida puede influencia negativamente y entorpecer el desarrollo del autocontrol del niño. Los padres deben contar con técnicas de alimentación adecuadas. Una mala técnica como forzar a comer, horarios muy rígidos, distracciones frecuentes durante la comida, ambiente inadecuado, impedir el uso de las habilidades para comer, sobornos, castigos, amenazas, dar alimentos entre comidas, permitir que el niño escoja el menú, etc., impactan de manera negativa en el desarrollo de la conducta alimentaria del niño.

Entonces … ¿Qué hago?

Aquí 13 recomendaciones para los padres sobre tratamiento y prevención en el niño que no quiere comer

  1. No obligar nunca a comer al niño.
  2. No utilizar el chantaje, el soborno ni el castigo para que el niño coma. No emplear amenazas que nunca se cumplirán. No dar de comer a la fuerza (abriéndole la boca, tapándole la nariz).
  3. No premiar al niño por haber comido bien.
  4. Preparar los alimentos de forma atractiva. Mezclar texturas y colores.
  5. Ofrecer al niño raciones pequeñas servidas en un plato grande. Darle la oportunidad de repetir si lo desea.
  6. Evitar la distracción. Nada de cuentos ni de televisión a la hora de la comida.
  7. Procurar no mostrar ansiedad porque el niño no come. Si rechaza el alimento, retirar el plato, levantar al niño de la meza y no ofrecer ningún otro alimento hasta la siguiente comida. No gritar ni mostrarse disgustado.
  8. Respetar los gustos del niño de forma razonable, pero no permitir que el niño coma “a la carta”.
  9. Evitar dar alimentos entre horas.
  10. Dejar que el niño participe y coma solo cuando pueda hacerlo. Dejar que se ensucie.
  11. Darle tiempo suficiente para que coma, pero no en exceso. Si en media hora el niño no ha acabado su comida, retirar el plato y dar la comida por concluida.
  12. Respetar la inapetencia si el niño está con alguna enfermedad aguda.
  13. Comportarse en la mesa como le gustaría que lo hiciera su hijo.

Este problema de la conducta alimentaria se resuelve con paciencia y mucho amor.
¡No pierdan las ganas!

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Por: Lic. Monica Giacchetti Vega – Nutricionista Pediátrica

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Carola Dongo